Se trata principalmente de la historia de una apuesta personal: Francis Ford Coppola financió su propia película cuando nadie más quiso producirla, invirtiendo 120 millones de dólares en Megalopolis.
Para financiar la película, Coppola tuvo que vender una gran parte de sus viñedos, involucrar a sus hijos y nietos, y economizar tiempo y dinero en los salarios de los actores.
El director, considerado como uno de los grandes vivos del cine, infunde todo lo que ama del cine en esta película, que representa una historia de amor fantasiosa en una poderosa ciudad que es tanto Nueva York como la Roma antigua.
La película es el producto de cuarenta años de trabajo y finalmente se estrena en Francia.
Coppola, quien en una ocasión no quiso hacer 'El padrino' y llegó a tirar todos sus Óscar por la ventana, insinúa que su película puede detener el tiempo y ve con buenos ojos que su 23ª película tenga el destino de 'Finnegans Wake' de James Joyce.
Conclusión: En última instancia, Coppola demuestra que la comprensión de una obra no es vital para su grandeza, y que la deuda personal es un precio pequeño a pagar por un salto de fe en el arte.