El Proceso de Barcelona nacido hace 30 años, buscaba la transformación geopolítica del Mediterráneo promoviendo la cooperación y el diálogo.
Este proceso llevó a la creación de la Unión por el Mediterráneo (UpM), que incluye a los países de la UE y a 16 del sur y este del Mediterráneo.
El proceso y la UpM han tenido un balance mixto, con un bloqueo del proceso de paz y fracaso de las primaveras árabes.
La cumbre reciente buscaba reformar y darle una nueva hoja de ruta a la UpM y lanzar el Pacto por el Mediterráneo.
La reforma de la UpM busca una nueva visión estratégica centrada en las conexiones, la innovación, la seguridad y la migración.
El Pacto por el Mediterráneo busca reforzar lazos y recuperar la influencia perdida en esta zona, con apoyo presupuestario para diversas iniciativas.
La crisis de Gaza sigue presente, sin un mandato claro de mediación por parte de la UpM.
Conclusión: A pesar de los resultados no deseados del Proceso de Barcelona, se mantiene la necesidad de integración, multilateralismo y fortalecimiento de lazos. Los retos son grandes y se debe seguir trabajando para que el Mediterráneo sea un espacio integrador y resiliente.