Unas 239.000 inmigrantes entraron irregularmente en la UE el año pasado, un 38% menos que en 2023, debido principalmente a la disminución de las llegadas desde Túnez, Libia y los Balcanes.
La caída de entradas ilegales muestra que el alarmismo sobre la inmigración no se basa en datos reales.
La propuesta de crear campos de deportación para migrantes en terceros países es ilegal e inhumana, y ha sido un fracaso.
Los países con los que la UE colabora en el tratamiento de flujos migratorios emplean fondos de la UE para financiar políticas que violan los derechos de los migrantes.
La nueva Comisión de la UE tiene tiempo para cambiar el discurso antiinmigrantes, que es falso e impráctico.
Conclusión: La UE no debe ceder a discursos de miedo y xenofobia, sino centrarse en los datos reales y trabajar en soluciones que no violen los derechos humanos ni los principios de la UE.