El estancamiento de la productividad española y el aumento de los costes laborales cuestionan el relato de éxito económico del Gobierno.
La combinación de los factores anteriores significa que los costes del trabajo han aumentado sin suficiente mejora en el valor generado.
Este desequilibrio limita la capacidad de aumentar los salarios de manera sostenida y amenaza la competitividad.
El Gobierno español debe responder a estas preocupaciones en lugar de presumir de cifras de crecimiento descontextualizadas.
La inflación añade mayor discrepancia entre las cifras oficiales y la economía real.
El Gobierno tiene la responsabilidad de explicar la evolución de los salarios reales y las dificultades en el acceso a la vivienda.
Conclusión: Sánchez no puede reclamar el mérito del crecimiento económico sin reconocer y dirigir sus insuficiencias, especialmente en lo que respecta a la productividad, la competitividad y el poder adquisitivo.