El último recurso de la Fiscalía introduce la distinción entre responsabilidad penal y política.
Se sostiene que los hechos investigados no constituyen delito, pero podrían no ser éticos ni deseables en un Estado democrático.
El caso centra en el uso de una posición para fomentar una actividad profesional y si se alinea a los estándares de ejemplaridad pública.
La Fiscalía plantea cuestiones éticas y reconoce que mezclar intereses privados con institucionales es indeseable.
El Gobierno ha intentado desacreditar a la justicia y evadir el debate.
Conclusión: La democracia requiere ejemplaridad más allá de la legalidad y se necesita una discusión seria sobre el trato de favor derivado de la proximidad al poder.