Donald Trump dirige la guerra de Irán con una lógica de improvisación y caos.
La falta de una línea coherente en la ofensiva ha dañado la seguridad y la economía mundial.
La destitución repentina del jefe del Estado Mayor, Randy George, parece ser un acto político más que operativo.
Existe una creciente disparidad de opinión entre el Gobierno y los líderes militares.
El Gobierno está reemplazando a los líderes militares experimentados con figuras leales a la dirección del Pentágono.
Conclusión: Estas acciones representan episodios de un estilo de gobernanza cada vez más autoritario que exige lealtad incuestionable, que a su vez puede aumentar el riesgo de guerra e impactar negativamente las alianzas estadounidenses.