El colapso económico y social de Cuba ha llegado a una fase crítica, aumentada por la presión de EEUU para cambios políticos.
La administración Trump insiste en que las reformas propuestas por La Habana son insuficientes y el Gobierno cubano no puede manejar los graves problemas del país.
Se sugiere que 2026 puede ser el año de cambio en el país, pero no está claro qué tipo de cambio.
El régimen actual está internacionalmente aislado y está debilitado.
Rusia y China tienen otras prioridades y Venezuela ya no puede ofrecer el mismo nivel de apoyo.
Es necesario un cambio real y una transición a la democracia, no simplemente un cambio de nombres o rostros.
Conclusión: Se necesita un cambio auténtico, no solo de nombres, sino de sistema. Después de casi 70 años de dictadura, los cubanos merecen más que solo una nueva apariencia del mismo fracaso.