Islandia ha rechazado las negociaciones de adhesión a la UE, destacando una pérdida de atractivo del proyecto europeo.
La población de Islandia ha respaldado la integración económica con Europa, pero sin plena membrecía en la Unión.
Los aspectos de autogobierno, como la gestión de los recursos pesqueros, han sido más importantes para los ciudadanos islandeses que los argumentos abstractos sobre integración europea.
Islandia seguirá vinculada al mercado europeo, pero fuera de las instituciones que toman decisiones.
Esta situación demuestra que la integración económica no conduce necesariamente a la integración política.
La imposibilidad de la adhesión de Islandia tiene una dimensión geopolítica para la Unión, ya que el Ártico es un valioso lugar estratégico en disputa entre grandes potencias como Rusia, EE.UU y China.
Conclusión: La decisión de Islandia refuerza la idea de que los argumentos económicos no siempre son suficientes para impulsar la integración política y debilita la presencia estratégica de la Unión Europea en el Ártico.